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La alimentación como base de la salud

Es probable que antes de llegar aquí, te hayas preguntado por qué en un mundo en el que la ciencia parece avanzar a pasos de gigante, el cáncer, el Alzheimer y muchas otras enfermedades degenerativas y autoinmunes, están lejos de desaparecer y por el contrario se presentan a edades cada vez más tempranas.

Y si, resulta contradictorio para un momento de la historia donde la medicina tiene acceso a tanta tecnología. ¿Qué es lo que pasa entonces? ¿Por qué se siguen multiplicando los casos de enfermedades mortales? La respuesta está en lo que nos llevamos diariamente a la boca, cada día más procesado, más artificial, menos natural. Consumimos indiscriminadamente productos creados en una fábrica, algunos bajo la promesa de ser “light”, libres de grasa o libres de azúcar; y así nos alejamos de los productos que nos proporciona la tierra.

Si actualmente eres un consumidor de empaquetados, bollería, chocolates y demás, déjame decirte que esta dieta te llevará poco a poco a la denominada inflamación mínima persistente o inflamación silenciosa, una inflamación sutil que se manifiesta en enfermedades como las itis: gastritis, colitis, rinitis, tendinitis, cistitis, bronquitis, dermatitis e incluso migrañas y dolores lumbares; cuyos síntomas sólo son tratados con antibióticos, ácidos, espasmódicos, eméticos, que no atacan el origen o la causa. La parte más oscura es que la suma de esos aparentemente “pequeños” padecimientos, puede desencadenar en problemas y enfermedades mucho más graves.

La solución es sencilla: volver al origen, a la alimentación que ha tenido el ser humano por siglos, o para no ir tan lejos a la que llevaban tus abuelos. Una dieta basada en proteínas, carbohidratos y grasas. Hipócrates lo sabía desde mucho tiempo atrás, allá en el año 460 a.c., cuando afirmó: “Que el alimento sea tu mejor medicina y tu mejor medicina sea tu alimento”. Yo te propongo una terna sencilla y absolutamente ganadora: buena alimentación, un mínimo de actividad física diaria y manejo de tus emociones.  No es demasiado tarde, el cuerpo humano es agradecido, el cambio es posible y los resultados impactarán altamente tu calidad de vida.